¿Por qué el chocolate se derrite justo en la boca y no en la mano?
El chocolate hace algo que casi ningún alimento logra: se mantiene sólido y firme en la mano, en la mesa o en la despensa, pero apenas lo pones en la boca se derrite en una crema suave. ¿Por qué justo ahí, justo entonces? Por una coincidencia deliciosa de la química.
La grasa del chocolate es la manteca de cacao, y tiene una propiedad rarísima: se funde a alrededor de 34 °C. Fíjate en el sándwich de temperaturas. La temperatura de una habitación es de unos 20-25 °C: por debajo de 34, así que el chocolate está sólido. La temperatura de tu cuerpo es de unos 37 °C: por encima de 34, así que en tu boca el chocolate se derrite. Está diseñado por la naturaleza para vivir justo en ese estrecho margen entre “ambiente” y “cuerpo”.
Casi ninguna otra grasa comestible tiene el punto de fusión tan bien colocado: la mantequilla se ablanda demasiado pronto, otras grasas se quedan cerosas. Por eso esa sensación de que el chocolate “se funde” en la lengua es única, y por eso derretirlo y volverlo a solidificar bien (el templado) es todo un arte del chocolatero: si se hace mal, la manteca cristaliza feo y el chocolate sale blanquecino y arenoso.
El chocolate se derrite en tu boca por unos pocos grados de suerte química. Su grasa se funde justo entre la temperatura del cuarto y la de tu cuerpo —sólido en la mano, líquido en la lengua.
Fuentes: Manteca de cacao: punto de fusión ~34-37 °C · Temperatura corporal ~37 °C; ambiente ~20-25 °C. ✓ Verificado a mano.
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