Química

¿Existe un metal que se derrite en tu mano?

Agarras un trocito de metal plateado y brillante, con toda la pinta de aluminio. Lo cierras en el puño. Al cabo de un par de minutos abres la mano y ahí no hay una barra: hay un charco de metal líquido, plateado, temblando en tu palma.

No es magia ni mercurio. Es galio, el elemento 31. Es sólido a temperatura ambiente, pero su punto de fusión es de apenas 29,8 °C —una tarde calurosa lo derrite sola, y el calor de tu mano (unos 37 °C) lo funde de sobra—. Es de los poquísimos metales que puedes derretir con el cuerpo sin quemarte.

Y aquí la diferencia que importa: el mercurio, el otro metal líquido famoso, es un veneno que se evapora y se respira. El galio no: puedes tenerlo en la mano (aunque mancha la piel de gris y ataca a otros metales, como el aluminio, así que tampoco es un juguete inocente). Por eso hay una travesura clásica de laboratorio: una cuchara de galio que se disuelve al remover el té caliente.

Y lo usamos en serio: sin galio no habría LED azules ni buena parte de la electrónica de tu teléfono.

Hay un metal que no aguanta el calor de tu propia mano. Lo sostienes creyendo que es sólido y se te escurre entre los dedos —sólido y líquido separados por la temperatura de un abrazo.

Fuentes: Punto de fusión del galio: 29,76 °C · Temperatura corporal humana: ~37 °C. ✓ Verificado a mano.

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