Matemáticas

¿Por qué ningún mapa plano del mundo puede ser exacto?

Mira un mapamundi colgado en una pared. Parece una representación fiel del planeta. No lo es —y no por descuido del que lo dibujó, sino porque hacerlo bien es matemáticamente imposible.

El problema es de geometría pura: la Tierra es (casi) una esfera, una superficie curva, y quieres pasarla a una hoja plana. Resulta que eso no se puede hacer sin deformar. Pruébalo tú mismo: pela una naranja e intenta aplastar la cáscara sobre la mesa sin romperla ni estirarla. No hay manera; se rasga o se arruga. El matemático Carl Gauss lo demostró con un teorema de nombre grandioso, el Theorema Egregium (“teorema notable”): la curvatura de una superficie es una propiedad intrínseca, y por eso ninguna forma de aplanar una esfera puede conservar al mismo tiempo los tamaños, las formas y las distancias. Siempre sacrificas algo.

Cada mapa elige, entonces, qué mentira contar. El más famoso, el de Mercator (el de casi todas las aulas y aplicaciones), conserva bien las formas y las direcciones —útil para navegar—, pero a cambio infla los tamaños cuanto más te alejas del ecuador. Por eso Groenlandia se ve enorme, casi como África… cuando en realidad África es unas 14 veces más grande y podría tragársela sin problema. Otros mapas conservan el área pero deforman las formas. Ninguno puede tenerlo todo.

Todo mapa del mundo miente en algo, y no puede ser de otra manera. Aplanar una esfera sin deformarla va contra las matemáticas —así que la próxima vez que mires un mapamundi, recuerda: no estás viendo el planeta, sino una de sus mentiras necesarias.

Fuentes: Teorema Egregium de Gauss: no hay isometría entre esfera y plano · Proyección de Mercator: distorsiona el tamaño lejos del ecuador. ✓ Verificado a mano.

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