¿Por qué no puedes doblar una hoja de papel más de 7 veces?
Agarra cualquier hoja e intenta doblarla por la mitad una y otra vez. Al tercer o cuarto doblez ya cuesta; al sexto peleas con ella; al séptimo, se rinde: no hay forma de cerrarla otra vez. Casi con cualquier papel, el muro está en 7 u 8 dobleces. ¿Por qué justo ahí?
Por la misma matemática que hace tan asombroso doblar un papel: lo exponencial, pero jugando en tu contra. Cada doblez hace dos cosas a la vez: duplica el grosor y reduce a la mitad la superficie. Empiezas con una hoja fina y ancha; a los pocos dobleces tienes un taco cada vez más grueso y más pequeño. En el doblez 7 estás intentando plegar 128 capas de papel apretadas en un rectángulo minúsculo: el material simplemente no tiene ni holgura ni longitud para curvarse una vez más.
Lo bonito es que no es una ley mágica del número 7: es solo cuestión de tener papel de sobra. En 2002, una estudiante estadounidense, Britney Gallivan, dedujo una fórmula para el límite y, con un rollo de papel higiénico larguísimo (más de un kilómetro), lo dobló 12 veces, batiendo la creencia popular. Cuanto más largo y fino el papel, más dobleces caben.
No es que el papel “no se pueda” doblar 8 veces: es que se te acaba el papel. Duplicar grosor y partir superficie a la vez agota cualquier hoja —la misma fuerza que, con suficiente papel, llegaría a la Luna.
Fuentes: Cada doblez: grosor ×2, superficie ÷2 (crecimiento exponencial) · Britney Gallivan (2002): 12 dobleces con una hoja muy larga y una fórmula del límite. ✓ Verificado a mano.
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