¿Por qué la humanidad tardó milenios en inventar el cero?
Contar cosas es de lo más antiguo que hace la humanidad: un palo por cada oveja, marcas en un hueso. Pero hay un número que costó muchísimo inventar, tanto que grandes civilizaciones vivieron sin él: el cero. Suena absurdo —¿qué hay más simple que la nada?—, y ahí está justo la dificultad.
El problema es filosófico antes que matemático: ¿por qué tendrías un símbolo para contar algo que no está? Si no hay ovejas, no cuentas ovejas, y ya. Los romanos, que construyeron un imperio y calzadas que aún se usan, no tenían cero en su sistema (por eso el año se escribía MCMXCIX y hacer cuentas era un dolor). Muchas culturas llegaron muy lejos sin él.
El cero apareció primero como un simple hueco, un marcador de posición para no confundir el 25 con el 205: había que indicar “aquí no hay decenas”. Los babilonios usaron algo así. Pero el gran salto —tratar el cero como un número de verdad, uno con el que puedes sumar, restar y operar— ocurrió en la India, alrededor del siglo VII, con el matemático Brahmagupta, que escribió las primeras reglas de cómo se comporta el cero. De la India pasó al mundo árabe (que lo difundió junto con los números que hoy usamos) y solo siglos después llegó a Europa, no sin resistencia.
Ese cero “tardío” es hoy la base de todo: sin él no habría sistema decimal cómodo, ni álgebra, ni computadoras (que hablan en ceros y unos).
El número más simple fue uno de los más difíciles de inventar. Contar la nada exigió un salto de imaginación que a la humanidad le tomó milenios —y sostiene, hoy, casi todas las matemáticas.
Fuentes: El cero como número: desarrollado en la India (Brahmagupta, siglo VII) · Los números romanos no tienen símbolo para el cero. ✓ Verificado a mano.
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