¿Podría existir el planeta de Interstellar donde una hora son siete años?
En Interstellar, los astronautas bajan a un planeta y, al volver a la nave, han pasado 23 años. Una hora ahí abajo equivale a siete años en la Tierra. Parece el capricho de un guionista. No lo es: es de lo más sólido científicamente de toda la película.
El efecto se llama dilatación gravitacional del tiempo, y es una predicción de la relatividad de Einstein: cuanto más intensa es la gravedad, más lento pasa el tiempo. No es una ilusión ni un truco de percepción —el tiempo realmente corre distinto—.
El planeta de la película orbita pegadísimo a Gargantúa, un agujero negro gigante que gira casi a la velocidad máxima posible. Tan cerca de semejante monstruo, la deformación del tiempo se dispara. El físico Kip Thorne —premio Nobel y asesor de la película— hizo las cuentas: para lograr ese “1 hora = 7 años”, el agujero negro tiene que girar a un pelo de su límite, pero es físicamente posible.
Y el abismo que te toca: esto no es solo cine. Ya vives una versión diminuta —tu cabeza envejece un poquito más rápido que tus pies, y el GPS lo corrige cada día—. Interstellar solo subió el volumen al máximo.
El drama de Interstellar no es ciencia ficción: es la relatividad de Einstein llevada al borde de un agujero negro. El tiempo, de verdad, es elástico.
Fuentes: Dilatación gravitacional del tiempo (relatividad general de Einstein) · Kip Thorne, asesor científico de Interstellar (2014): física del planeta de Miller y el agujero negro Gargantúa. ✓ Verificado a mano.
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