¿Por qué el acero inoxidable no se oxida... y se 'cura' solo si lo rayas?
El hierro común, en cuanto lo tocan el aire y la humedad, se cubre de herrumbre: esa costra naranja que se descascara y va comiéndose el metal hasta destruirlo. Tus cubiertos, el fregadero y mil cosas más también son, en su mayoría, hierro. ¿Por qué ellos no se oxidan?
El secreto es un ingrediente añadido: el cromo. El acero “inoxidable” es acero con al menos un 10,5% de cromo mezclado, y el cromo tiene una virtud preciosa: reacciona muy rápido con el oxígeno del aire y forma sobre la superficie una capa de óxido de cromo finísima e invisible —de unos pocos átomos de grosor—. Esa capa es densa, transparente y muy pegada al metal, y funciona como un escudo sellado que impide que el oxígeno llegue al hierro de debajo. Sin oxígeno tocando el hierro, no hay herrumbre.
Y viene lo mejor. Cuando rayas o cortas el acero inoxidable, rompes ese escudo y dejas metal fresco al descubierto. Pero el cromo recién expuesto hace lo mismo al instante: reacciona con el aire y vuelve a formar la capa protectora sobre la raya. Es un blindaje que se repara solo, una y otra vez, mientras haya oxígeno alrededor.
El acero inoxidable no es que no se oxide: es que se oxida a propósito, con una capa invisible que lo protege y se regenera cada vez que lo hieres. El mismo oxígeno que pudre al hierro es aquí su guardián.
Fuentes: Pasivación: capa de óxido de cromo (Cr2O3) autorregenerable · El acero inoxidable contiene ~10,5% o más de cromo. ✓ Verificado a mano.
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