¿Por qué se echa sal para derretir el hielo de las calles?
En los países con nieve, cuando el hielo cubre las calles, echan sal. Y funciona: el hielo se derrite. Pero la sal no está caliente ni “quema” el hielo. Lo que hace es más astuto: le cambia las reglas al agua.
El agua pura se congela a 0 °C: por encima es líquida, por debajo es hielo. Pero si le disuelves algo —como sal—, esa frontera se corre hacia abajo. El agua salada necesita estar más fría para poder congelarse; con suficiente sal, aguanta líquida hasta unos 20 grados bajo cero. A esto se le llama descenso del punto de congelación.
Ahora imagina una calle a 5 grados bajo cero, cubierta de hielo. Ese hielo está tranquilo porque 0 °C es su punto de congelación y hace más frío que eso. Pero en cuanto lo espolvoreas con sal, la fina capa de agua que siempre hay sobre el hielo disuelve la sal, y esa mezcla salada ya no puede congelarse a −5 °C: ahora su punto está más abajo. Resultado: el hielo se convierte en agua salada líquida, aunque siga haciendo frío. La sal no aporta calor; mueve la meta.
El mismo principio sirve en la cocina: al hacer helado casero, se rodea el recipiente con hielo y sal, porque esa mezcla llega a estar mucho más fría que el hielo solo, y así congela la crema.
La sal no derrite el hielo calentándolo: lo derrite cambiándole el punto de congelación. No le da calor al agua —le cambia la regla de cuándo tiene permitido ser hielo.
Fuentes: Descenso crioscópico: un soluto baja el punto de congelación del disolvente · Agua salada puede permanecer líquida hasta ~ -20 °C. ✓ Verificado a mano.
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