¿Por qué un imán no se pega a todos los metales?
Creemos que “los imanes se pegan a los metales”, así, en general. Haz la prueba: acerca un imán a una lata de refresco de aluminio, a una moneda, a un cable de cobre, a una cuchara de acero inoxidable. La mayoría lo ignoran por completo. ¿Por qué el imán es tan selectivo?
Porque el magnetismo no es cosa de “ser metal”, sino de cómo están ordenados los átomos por dentro. En unos pocos materiales —sobre todo hierro, níquel y cobalto— cada átomo se comporta como una brújula minúscula. Normalmente esas brújulas apuntan en desorden y se cancelan; pero cuando acercas un imán, se alinean todas en la misma dirección y suman sus fuerzas, y entonces el material entero es atraído. A esos materiales se les llama ferromagnéticos, y son los únicos que “se pegan”.
En el aluminio, el cobre, el oro o la plata, los átomos no pueden alinearse así, por más imán que acerques: se quedan indiferentes. Por eso hay un truco de reciclaje que separa latas: las de acero (que lleva hierro) saltan hacia un imán, mientras que las de aluminio ni se inmutan. El mismo imán, dos metales, dos respuestas opuestas.
Un imán no distingue “metal”: distingue hierro y sus parientes. Casi toda la tabla periódica lo ignora —el magnetismo es un club pequeño y muy exclusivo.
Fuentes: Ferromagnetismo: hierro, níquel, cobalto y aleaciones · El aluminio, el cobre y el oro no son ferromagnéticos. ✓ Verificado a mano.
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