¿Por qué no puedes hacerte cosquillas a ti mismo?
Haz la prueba: intenta hacerte cosquillas en las costillas o en la planta del pie. Nada. Que lo haga otra persona, y saltas. La misma mano, el mismo cuerpo, resultado opuesto. ¿Por qué?
Porque las cosquillas viven de la sorpresa, y a ti mismo no puedes sorprenderte. Tu cerebro no espera pasivamente a que llegue el tacto: predice constantemente lo que vas a hacer. Cada vez que mueves la mano, una región llamada cerebelo calcula por adelantado qué vas a sentir —dónde, cuándo, con qué fuerza— y, como ya lo sabe, atenúa esa señal antes de que llegue a tu conciencia. Es un filtro utilísimo: te permite ignorar el roce de tu propia ropa, tu lengua contra los dientes o tus pasos, y reservar la atención para lo que no controlas.
Las cosquillas de otro se cuelan justo por ahí: son un tacto que tu cerebro no predijo, así que llega con toda su intensidad y dispara la reacción. Los científicos incluso lo midieron: si mueves un brazo mecánico con un pequeño retraso, de modo que el toque no coincida con lo que tu cerebro esperaba, las cosquillas vuelven a funcionar.
No puedes hacerte cosquillas porque tu cerebro te delata a ti mismo. Adivina lo que vas a hacer y apaga la sorpresa —la única cosa de la que las cosquillas se alimentan.
Fuentes: Blakemore, S-J. et al. (1998/2000) — el cerebelo predice y atenúa la sensación autogenerada · Papel del cerebelo en la predicción del movimiento. ✓ Verificado a mano.
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