¿Ese olor 'a cloro' de las piscinas es de verdad cloro?
Entras a una piscina cubierta y te golpea ese olor penetrante que todos llamamos “a cloro”. Lo asocias a limpieza, a agua bien desinfectada. Prepárate, porque es casi al revés.
El cloro que se echa al agua, cuando está limpio y haciendo bien su trabajo, casi no huele. El olor fuerte aparece cuando ese cloro reacciona con la materia orgánica que sueltan los bañistas: sudor, células de la piel, aceites y —sí— orina. De esas reacciones nacen unas sustancias llamadas cloraminas, y son ellas, no el cloro, las que producen el tufo picante y te irritan los ojos.
O sea que la lógica de tu nariz está invertida: cuanto más fuerte huele una piscina, más sucia está en realidad —hay más cloraminas porque hubo más suciedad reaccionando con el cloro—. Una piscina de verdad bien mantenida, con la química equilibrada, huele a muy poco. Y ese picor de ojos que sufres al nadar tampoco es “por el cloro”: es por las mismas cloraminas.
El olor “a cloro” es el olor de lo que el cloro está limpiando. Ese aroma que confundes con higiene es la firma química de todo lo que dejaron los demás en el agua.
Fuentes: Cloraminas: producto de la reacción del cloro con sudor, orina y aceites de la piel · CDC / química del agua recreativa (el cloro libre casi no huele). ✓ Verificado a mano.
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